Marlowe encendió un cigarrillo y echó su cuerpo hacia adelante.

– ¿Pidió referencias? ¿Sabe al menos quien soy?

– No. No lo hice. ¿Qué importa eso? Usted anda en este trabajo desde hace muchos años, según me dijo por teléfono. Si me gusta lo contrataré.

– No es un buen procedimiento, señor Laurel. Usted es un hombre famoso. Podría pagar los servicios de una agencia.

– Soy un hombre famoso al que nadie conoce, señor Marlowe. Se equivoca. No puedo pagar una agencia. No tengo mucho dinero. ¿Cuánto me dijo que cobraba por su trabajo?

– Cuarenta dólares diarios y los gastos.

– Está dentro de mis posibilidades, siempre que los gastos no sean muchos.

– ¿Está seguro de no ser un avaro?

– Estoy casi en la ruina si le interesa saberlo. Tal vez no le convenga perder su tiempo conmigo.

– Eso lo veré después. Antes quiero saber por que uno de los cómicos más famosos de Hollywood viene a visitar al viejo Marlowe. No me ocupo de divorcios ni persigo a jóvenes drogadictos.

– No es ese mi problema.

– Me encanta saberlo. Lo escucho.

– Me estoy muriendo, señor Marlowe.

– No se nota.

– Sin embargo, es así. Ollie tuvo suerte. Le falló el corazón y terminó con todo. Yo me estoy muriendo lentamente, pero creo que las cosas deberían ser mejores para un viejo actor.

– Usted no necesita un detective -gruño Marlowe-. Hable con un agente de seguros y con un sepulturero.

– No creo que tome en serio a sus clientes.

– Usted no es mi cliente, señor Laurel. Me parece un hombre desesperado ante la proximidad de la muerte y yo no me ocupo de esos problemas. Si me permite una sugerencia, hable con un cura; usted necesita un consejero espiritual. Tal vez lo metan en un asilo de ancianos.

– No necesito consejos. Se como recibir la muerte. Tengo setenta y cinco anos, filme más de trescientas películas, recibí un Oscar, conocí el mundo, me case ocho veces, varias de ellas con la mujer que ahora está a mi lado. No me importa morir. No vine aquí a pelearme con un detective impertinente que ni siquiera tiene su oficina limpia. Vine a contratarlo. No se ofenda, Marlowe, pero usted es un tonto. Con esos modales no lo alquilarán ni para cuidar el perro de un



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