
Acababa de sentarse frente al ordenador con una taza de té y estaba repasando el borrador de un relato que había comenzado el día anterior, cuando sonó el teléfono. Oyó cómo saltaba el contestador automático. Jason había pasado la noche en San Francisco, las niñas estaban fuera y Peter se había marchado a trabajar temprano porque estaba preparando un juicio para la semana siguiente. Tanya tenía por delante una tranquila y hermosa mañana de trabajo, algo poco habitual cuando los chicos estaban de vacaciones. En verano escribía mucho menos que en los meses de invierno. Le resultaba muy difícil concentrarse con sus hijos paseándose por la casa continuamente. Pero hacía varios días que una idea para un relato le rondaba la cabeza; estaba batallando con esa historia cuando oyó que su agente dejaba un mensaje en el contestador. Cruzó la cocina rápidamente para coger el teléfono. Sabía que todas las telenovelas para las que escribía en aquellos momentos estaban en temporada de descanso, así que era poco probable que la llamada fuese para encargarle un guión. Quizá se trataría de un artículo para una revista o para The New Yorker.
