No es que Jaime fuera poco atractiva – no me malentiendan. No era horrorosa o algo así. Afortunadamente ella se parecía a su madre, según las fotografías que había visto, no estaba nada mal, especialmente considerando con quién terminó por casarse. Pero Jamie no era exactamente lo que yo consideraba atractiva, tampoco. A pesar de que era delgada, con pelo rubio miel y ojos azul cielo, era más bien por el tiempo en que la miraba… y por eso era que no la notaba tanto. Jamie no se preocupaba mucho por la apariencia exterior, porque siempre estaba buscando cosas como la "belleza interior", y supongo que ésa era parte de la razón de que se viera de la manera que lo hacía. Porque mientras más la conocía yo sabía un poco más, recordaba que había llevado siempre su pelo agarrado con una dona, casi de la misma manera que una solterona, sin una puntada de maquillaje sobre su cara. Unido a su clásico suéter marrón y una falda de tartán, que la hacía verse siempre como si fuera para una entrevista de trabajo en la biblioteca. Solíamos pensar que era sólo una fase y que eventualmente la superaría, pero nunca lo hizo. Incluso en nuestros primeros tres años de secundaria, no había cambiado en absoluto. Lo único que había cambiado era la talla de su ropa.

Pero no solo fue la manera en que Jamie se veía lo que la hizo diferente; también fue la manera en que actuó. Jamie no gastaba su tiempo pasando el rato en la cafetería de Cecil o yendo a las pijamadas con otras niñas, y yo sabía que nunca había tenido un novio en toda su vida. El viejo Hegbert probablemente habría tenido un ataque cardíaco si ella hubiera tenido uno. Pero incluso si por algún giro raro de los acontecimientos Hegbert lo hubiera permitido, eso todavía no le habría importado a ella. Jamie llevaba su Biblia a donde quiera que iba, y si su apariencia y Hegbert no mantenían a los muchachos alejados, la Biblia seguro que lo haría. Ahora, me gusta leer la Biblia, pero Jamie parecía disfrutarlo en una manera que era totalmente extraña para mí.



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