Con Jamie, todo estaba en el plan del Señor. Ésa era otra cosa. Ella siempre mencionó que todo era el plan del Señor lo que fuera que le contaran, no importaba el tema. ¿El partido del béisbol se canceló? Debe ser el plan del Señor de impedir que algo terrible pudiera ocurrir. ¿Un examen de preguntas de trigonometría sorpresa que todos en la clase reprueban? Debe ser un plan del Señor para darnos desafíos. Como sea, ustedes entienden la situación. Entonces, por supuesto, estaba también lo de Hegbert, y eso no la ayudó en absoluto. Ser la hija del Ministro no podía haber sido algo fácil. Pero ella lo hizo parecer como si fuera la cosa más natural en el mundo entero y como si fuera afortunada de haber sido bendecida por eso. Era cómo solía decirlo, también. "He sido tan bendecida al tener un padre como el mío". Siempre que lo decía, todo lo que podíamos hacer era agitar nuestras cabezas y preguntar de qué planeta vino en realidad. A pesar de todas esas cosas, sin embargo, la única cosa que me volvía realmente loco sobre ella era el hecho de que era siempre tan alegre, no importaba lo que estaba ocurriendo alrededor de ella. Lo juro, esa niña nunca dijo ninguna cosa mala sobre algo o alguien, incluso sobre aquellos de nosotros que no éramos tan simpáticos con ella. Ella tararearía alguna canción cuando caminaba por la calle, saludaría con la mano a desconocidos conduciendo en sus automóviles. A veces algunas señoras salían corriendo de su casa si la veían pasar caminando. Ofreciéndole de su pan de calabaza si hubieran estado horneando todo día o limonada si el sol estuviera calentando bastante. Parecía que cada adulto en pueblo la adoraba. "Ella es una muy encantadora y bonita joven", dirían siempre que el nombre de Jamie surgiera. "El mundo sería un mejor lugar si hubiera más personas como ella".



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