Bien, como sea, el baile de bienvenida estaba por llegar, y debido a una situación desconocida Angela, todavía no tenía una cita. Cada uno de los del consejo estudiantil teníamos que asistir – era obligatorio. Tenía que ayudar a decorar el gimnasio y además limpiarlo al día siguiente, y no eran generalmente buenos tiempos. Llamé a un par de niñas a quienes conocía, pero ya tenían sus citas así que llamé a algunas más. Tenían citas, también. Antes de la semana final las opciones se agotaban rápidamente. La alberca era el lugar donde había esa clase de niñas que tenían anteojos gruesos y hablaban tonterías. Beaufort nunca fue exactamente un semillero de bellezas de todos modos, pero de todas maneras tenía que encontrar a alguien. No quería ir al baile sin una cita – ¿qué demonios parecería eso? Yo sería el único presidente del alumnado que asistiría al baile de bienvenida solo. Yo terminaría sacando a los chicos ebrios o limpiando la vomitada del suelo del baño. Eso es lo que la gente sin citas por lo general hacía.

Mi pánico y nerviosismo iban creciendo más, tomé el anuario del año anterior y empecé a echar un vistazo a las páginas una por una, buscando a alguien que pudiera no tener una cita. Primer revisé las páginas con las estudiantes del último año. Aunque muchas de ellas se fueron a la universidad, algunas todavía estaban alrededor del pueblo. Aunque no pensaba que tendría mucha oportunidad con ellas, llamé de todos modos, y por supuesto, me demostraron que estaba en lo correcto. No pude encontrar a nadie, por lo menos a nadie que fuera conmigo. Me estaba portando muy bien manejando el rechazo, les diré, aunque ésa no es la clase de cosas que uno quisiera contarle a sus nietos. Mi mamá supo qué estaba sufriendo, y por fin entró en mi habitación y se sentó en la cama al lado de mí.



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