El viejo Hegbert, se paraba como un muerto sobre sus huellas y sus orejas parecían cambiar de lugar – lo juro por Dios – y se tornarían de un brillante color rojo, como si acabara de emborracharse con gasolina, y las grandes venas verdes de su cuello empezarían a sobresalir en todas partes, de la misma manera que esos mapas del río Amazonas que se ven en National Geographic. Miraba con atención de un lado al otro, sus ojos se hacían estrechos cuando nos buscaba, y luego, tan repentinamente, empezaría a ponerse pálido otra vez, de regreso a esa piel de pescado, justo ante nuestros ojos. ¡Vaya!, era algo para mirarse, de eso estoy seguro.

Así que nosotros estábamos escondidos detrás de un árbol y Hegbert (¿qué clase de padres nombran a su niño Hegbert?, como sea) soportando y esperando que nosotros nos entregáramos allí, como si pensara éramos tan estúpidos. Nosotros habíamos puestos nuestras manos sobre nuestras bocas para evitar reír a carcajadas, pero de algún modo el siempre ponía el ojo sobre nosotros. Estaba doblando de un lado al otro, y luego pararía, esos ojos pequeños y maliciosos vendrían justo hacia nosotros, justo a través del árbol. "Yo sé quien eres tú, Landon Carter," dijo él, "y el Señor lo sabe también". Dejaría que meditáramos sobre eso por aproximadamente un minuto, y luego se iría definitivamente otra vez, y durante el sermón ese fin de semana nos miraría fijamente y diría que algo como que "Dios es misericordioso con los niños, pero los niños también deben ser respetables". Y nos bajaríamos de nuestros asientos, no de la vergüenza, sino más bien por esconder un nuevo round de nuestras risitas tontas. Hegbert no nos comprendía en absoluto, que era realmente extraño, siendo que tenía un niño y todo. Pero entonces, resulto ser niña. Más sobre eso, les hablaré después.

De todos modos, como dije, Hegbert escribió El Ángel de Navidad y decidió poner esa obra dramática en vez de la otra.



5 из 144