
Conocía a todo el mundo desde que era niña, así que no le iba a costar mucho divertirse; de no ser porque no podía desdeñar a Jack como él la desdeñaba a ella. Cada vez que lo miraba estaba con una chica distinta. Todas eran rubias y guapísimas, y estaba segura que todas sabían lo que se sentía cuando Jack te besa.
De repente se vio desbordada por un sentimiento de desolación. ¿A quién iba a engañar? Cualquiera con dos ojos en la cara se podía dar cuenta de que ella no era su tipo. ¿Iba a creerse alguien que Jack la había elegido a ella entre todas esas chicas? Desde luego que no. La maravillosa sonrisa desapareció de su rostro, se sintió humillada y expuesta a las miradas de todos. Tenía que irse. Balbució una excusa y salió de la habitación. Se fue al porche trasero, protegido por unas frondosas ramas que le daban sombra. Se oían voces en la cocina, donde su madre y familia preparaban ensaladas entre risas y bromas. Ellie se sentó en una de las viejas sillas, disfrutando del silencio y de la tranquilidad de estar sola.
