Cuando terminaron las felicitaciones y toda la algarabía, Ellie se encontró en el centro de todas las miradas. Esperaban que Jack la besara. Lo miró nerviosamente. Seguro que ponía una excusa, no podía besarla con la pelea tan presente. Intentó soltar la mano, pero Jack no la dejó. La atrajo hacia sí y la miró con una sonrisa que le puso un nudo en la boca del estomago. Abrió la boca para decir algo, no sabía qué, pero era demasiado tarde. Jack la tenía firmemente entre sus brazos, besó su boca antes de que pudiera emitir una palabra. No se pareció en nada al otro beso. No había ternura ni asomo de placer. Era un desafío. Los labios de Jack eran duros y exigentes, y sus manos como tenazas. La ira fluía entre ellos como una corriente eléctrica. Ellie se quedó petrificada por la intensidad de su respuesta. Notaba cómo se apoderaba de ella sin poderla controlar, aunque con júbilo. ¿Que Jack quería castigarla? De acuerdo, ¡estaba cansada de ser la dulce y buena Ellie que siempre aguantaba sus cambios de humor sin preguntar! ¡Si aquel beso era un desafío, iba a aceptarlo! Ellie le devolvió el beso desafiante, casi provocadoramente. Se había olvidado de que había gente alrededor y de que todos los estaban mirando, del trato y de los motivos por los que estaban ahí. Nada importaba, solo el choque de dos voluntades y una marea oscura y peligrosa que los arrastraba.

En un momento dado todo cambió y la feroz competencia se convirtió en un placer tan intenso que tuvo que agarrarse más fuerte a Jack para no perder el equilibrio. Era como si sus bocas estuviesen hechas para moverse juntas y las manos de Jack estuviesen diseñadas especialmente para deslizarse por su espalda, para atraerla más cerca.

– ¡Eh, un respiro! -dijo alguien-. ¡Hay niños!

Hubo un estallido de risas y bromas que sacó a Ellie como de otro planeta.



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