
Dale habría traído uno de sus libros de casa para leerlo, tal vez el de Tarzán que había dejado abierto sobre la mesa de la cocina al mediodía, cuando había ido a casa a comer, o quizás uno de los de ciencia ficción del Consejo Americano de Educación que estaba leyendo, pero aunque leía varios libros a la semana, nunca pensaba que el colegio fuese lugar adecuado para hacerlo. El colegio era un lugar para hacer deberes, escuchar a los maestros y dar respuestas tan sencillas que un chimpancé hubiese podido sacarlas de los libros de texto.
Así pues, Dale y los otros veintiséis alumnos de sexto estaban sentados bajo el calor y la fuerte humedad del verano, mientras nubes de tormenta oscurecían el cielo en el exterior y el aire sombrío de Old Central se hacía más oscuro, el verano parecía retroceder al inmovilizarse las agujas del reloj, y la mohosa densidad del interior de Old Central los envolvía como una manta.
Dale ocupaba el cuarto pupitre de la derecha de la segunda fila. Desde donde se hallaba sentado podía ver, más allá de la entrada del guardarropa, el oscuro pasillo, y de refilón la puerta de la clase de quinto donde su mejor amigo, Mike O'Rourke, esperaba también que terminase el año escolar. Mike era de la misma edad que Dale, en realidad tenía un mes más, pero se había visto obligado a repetir el cuarto curso, y por esta razón los amigos habían sido separados por el abismo de todo un curso escolar durante los dos últimos años.
