
– Hola, Nate -le dijo al bronceado socorrista que se había quedado en la oficina en su lugar mientras daba la clase.
– Hola.
Le recorrió el cuerpo entonces con la mirada de una manera que le puso la piel de gallina. Aparentemente muchas chicas no encontraban nada ofensivo en ese comportamiento, ya que muchas habían salido con él desde que se incorporó en enero.
– Has tenido tres llamadas telefónicas, dos de ellas de hombres. ¿Cuándo te vas a rendir y vas a salir conmigo?
Lindsay se contuvo para no contestarle lo que se le había ocurrido. Estar trabajando en un sitio tan exclusivo significaba que se tenía que llevar bien con los demás empleados, incluyendo los ex famosos profesionales del tenis y el golf con su inflado sentimiento de importancia y socorristas con pinta de Mister Universo cuyos enormes bíceps le hacían la competencia en tamaño a sus egos.
– ¿Qué edad tienes, Nate? ¿Veintiuno, veintidós?
La sonrisa de él se esfumó.
– Tengo veinticuatro, y lo sabes.
– Bueno, yo voy a cumplir veintisiete y sólo salgo con hombres que no tienen pinta atlética. En otras palabras, no salgo con los que trabajan aquí.
Eso era cierto. Los hombres que trabajaban allí estaban demasiado ocupados admirándose a sí mismos y esperando ser descubiertos por algún cazatalentos de Hollywood y, contra eso, ninguna mujer podía competir.
– De todas formas, gracias por pedírmelo y gracias también por tomarme los mensajes. Te veré a final de mes.
Ignorando su mirada de disgusto, ella tomó las notas de las llamadas y su bolso, y abandonó la oficina.
Cuando llegó al aparcamiento le pareció que su coche era de lo más humilde en comparación con todos los Ferraris, Mercedes, Jaguars y Porsches que había allí.
Miró el primer mensaje y vio que era de Roger Bragg. Era el encargado del complejo de apartamentos cercano al suyo. Había salido una vez con él y fue un completo error. Antes de que terminara la velada había descubierto que él acababa de divorciarse y ya le estaba hablando de matrimonio. Tal vez mientras estuviera fuera se imaginaría que estaba enamorado de otra y la dejaría en paz.
