
Una extraña sensación que no era exactamente un escalofrío recorrió la espina dorsal de Sophie, que tuvo que apartar la mirada.
Pensar esas cosas no la ayudaba nada. Ya había enfadado a Bram lo suficiente como para confundir aún más la situación empezando a pensar en él… así. Si iban a hacerse pasar por una pareja de novios, tenía que mantener la cabeza fría.
– Espero no haberte estropeado la noche del todo.
– Digamos que no terminó como yo esperaba -contestó él.
Ésa era la respuesta equivocada. Y, definitivamente, el tono de voz equivocado. «No pasa nada», habría sido aceptable. O mejor: «Si quieres que te diga la verdad, me alegré de la interrupción porque me di cuenta de que había cometido un error en cuanto salí del pub».
Bess suspiró, apoyando la cabeza en las piernas de Sophie. Y Sophie suspiró a su vez.
– ¿Desde cuándo sales con Vicky? El fin de semana pasado no me dijiste nada.
– Porque no había nada que decir. Tomamos una cerveza en el pub y luego fuimos a mi casa a tomar café… y entonces llamaste tú. Así que nos tomamos el café y la llevé a casa. Yo no llamaría a eso «estar saliendo».
Ésa era una respuesta mucho mejor, pensó Sophie, animándose un poco.
– No pensé que Vicky fuera tu tipo.
– ¿Por qué no?
– Pues… no lo sé -murmuró ella, un poco sorprendida por lo abrupto de la pregunta-. Quizá porque no es como Rachel, por ejemplo.
Vicky tampoco se parecía nada a Melissa, pero no le pareció adecuado mencionar eso.
– Las chicas como Rachel no están interesadas en vivir en el campo -contestó Bram-. Y quizá ha llegado el momento de cambiar de «tipo». Al menos, Vicky sabe lo que es trabajar en una granja. Y es una buena persona. Es callada, sensata, guapa… podría haber encontrado alguien mucho peor.
