
El le acarició el pelo y le besó la cabeza. Era demasiado agradable, tanto que supo que tenía que separarse. Cuando lo hizo, él siguió agarrándole la cintura, y ella no intentó separarse.
Katie y David llegaron en ese instante.
– ¿Qué tal? -le preguntó Katie.
– Acaba de perder todo mi dinero -repuso Alex.
– Bueno, va a una buena causa -añadió Emma.
– Has perdido treinta mil dólares.
A ella se le había olvidado que era tanto dinero, pero lo miró y supo que no le importaba.
– Aprovéchate de las exenciones tributarias y deja de quejarte -repuso ella, intentando apartarse.
Pero él la sujetaba con fuerza. Ella volvió a intentarlo sin suerte, y Alex la sonrió inocentemente.
– Damas y caballeros, si quieren dejar de jugar unos instantes, les espera una sorpresa en los jardines -anunció Maxim.
– Los jardines son preciosos -apuntó Emma-. Vamos a verlos.
– Gracias a la generosidad de un donante -añadió Maxim-. Este año rifaremos un Mercedes descapotable. Compruebe su invitación y el número que aparece en ella. Es su número de la suerte.
Emma tomó a su hermana del brazo y fue hacia los jardines. Quería concentrarse en cualquier cosa que no fuera Alex.
– ¿Está bien David? Parece un poco callado.
– A lo mejor pensó que iba a ganar.
– ¿Cuánto has perdido?
– Unos dos mil. La verdad es que no sé qué le pasa. ¡Eh! ¡Mira qué coche!
– No está nada mal.
Maxim comenzó a anunciar el sorteo del coche.
– Y el ganador de este precioso Mercedes descapotable es… El número siete, tres, dos.
– Es el mío -le susurró Alex al oído-. Ahora vuelvo.
– ¡Ha ganado! -exclamó Emma.
– Veo que tenemos un ganador -comentó Maxim al ver a Alex subiendo al escenario-. El señor Garrison es el ganador de esta noche y uno de los donantes más importantes de la fundación.
