
MAMAÉ
¿Acaso no hemos estado juntos toda la tarde? Qué lindo paseo dimos por las huertas con mi prima, ¿no? Cuando te oí, justamente estaba acordándome de los granados, de los peros, de los membrillos, de los duraznos. ¿Y el río no estaba lindo, también? Me gustaría volver a zambullirme en el Caplina, alguna vez, como lo hacía de chiquita.
JOAQUÍN
En el verano, si estamos todavía en Tacna, te llevaré al Caplina sin que nadie nos vea. De noche. Al remanso donde merendamos esta tarde. Nos quitaremos la ropa…
MAMAÉ
¡Cállate, Joaquín, no empieces!
JOAQUÍN
…y nos bañaremos desnudos. Jugaremos en el agua. Te perseguiré y cuando te atrape…
MAMAÉ
¡Por favor, Joaquín! No seas vulgar.
JOAQUÍN
Pero si vamos a casarnos el domingo.
MAMAÉ
Tampoco dejaré que me faltes cuando sea tu mujer.
JOAQUÍN
Eres lo que más respeto en el mundo, Elvira. Mira, te respeto más que a mi uniforme. ¿Sabes lo que significa el uniforme para un militar, no? Aunque quisiera, no podría faltarte. Te hago enojar a propósito. Porque me gusta que seas así.
MAMAÉ ¿Cómo soy?
JOAQUÍN
Una niñita de mírame y no me toques. Todo te parece malo, todo te da miedo, todo te hace ruborizar.
MAMAÉ
¿No debe ser así una señorita decente?
JOAQUÍN
Claro que sí. No puedes imaginar con qué ansia espero el domingo, Elvira. Tenerte para mí solo, sin chaperonas, saber que dependes de mí para la más pequeña cosa. Cómo voy a divertirme contigo, cuando estemos solos: te sentaré en mis rodillas, haré que me rasguñes en la oscuridad como una gatita. Ah y esa apuesta te la voy a ganar. Contaré tus cabellos y verás que tienes más de cinco mil.
MAMAÉ
¿Los contarás la noche de bodas?
JOAQUÍN
No, la noche de bodas no. ¿Quieres saber qué haré contigo la noche de bodas?
MAMAÉ
