
– Bueno, siempre y cuando el bebé esté sano, Morgan, no me importa que sea rubio o tenga los ojos azules.
Morgan miró de nuevo la carpeta del expediente e hizo una mueca.
– Es posible que tu bebé tenga esos rasgos, Rebecca. Te hemos inseminado con el esperma de un hombre rubio de ojos azules. Es un hombre muy rico y respetado… y que no dio las muestras de semen con este propósito.
– Pero… eso no importa, ¿verdad? -preguntó Rebecca, y de nuevo se acarició el vientre.
«No te preocupes, Eisenhower». Estuvo a punto de sonreír al recordar aquel apodo, que era una vieja broma familiar. Era el nombre que los padres de Rebecca usaban cuando se referían a cada uno de sus hermanos y hermanas pequeñas antes de que nacieran. Parecía que ella iba a seguir con la tradición.
«Todo va a ir bien, Eisenhower».
– El proceso sigue siendo anónimo, Morgan -dijo-. Yo no sé quién es el hombre. No sé quién es el padre.
Morgan sacudió la cabeza.
– Pero ese hombre tiene derecho a saber que va a ser padre, Rebecca. Children's Connection no puede ocultarle algo así.
Ella se puso en pie sin darse cuenta.
– ¿Qué? ¿Por qué no?
– Es lo que exige la ética, Rebecca. Tú puedes entenderlo.
Lo que entendía era que sus esperanzas y sus sueños habían pasado de ser algo alegre y feliz a ser algo horrible. ¡No, no! No podía pensar así. Su bebé seguía siendo su bebé.
– ¿Quién es ese hombre, Morgan? Deja que hable con él y yo… arreglaré este asunto.
Le explicaría lo que había ocurrido y le diría que el niño y ella no esperaban nada de él.
Morgan frunció el ceño.
– Rebecca…
– Me lo debes, Morgan -dijo ella-. Me debes la oportunidad de poder hablar con este hombre primero.
– Rebecca…
– Dime quién es.
Morgan y su esposa iban a adoptar un bebé pronto, y aquel detalle debió de facilitar que él entendiera la desesperación de Rebecca. Miró el expediente una vez más y suspiró.
