
Hizo un gesto, dio un paso atrás. -Creo que es mejor que vaya abajo, para que proceda. Cuando su pareja llegue, voy a enviarla hacia arriba. -
– Sí, señor.-
Él asintió de nuevo, luego suspiró mientras miraba a la puerta de la habitación abierta. -Dallas… Es muy duro.-
Esperó hasta que él se volvió y empezó a bajar las escaleras. Sola, se acercó a la puerta y miró a la joven Deena MacMasters muerta.
CAPITULO DOS
– REGISTRO ENCENDIDO. TENIENTE EVE DALLAS, en escena, Deena MacMasters, la víctima-.
Recorrió la habitación primero mientras tomaba el sellador de su kit de campo para cubrirse las manos y las botas. Un ambiente amplio, luminoso y ventilado, con ventanas de triple pantalla de privacidad activadas -a lo largo de la pared -con vista al parque. Un banco acolchado, con montículos de almohadas de colores, curvado bajo el cristal. Carteles de músicos populares, actores, personalidades, hechos por una persona tímida y soñadora cubrían las paredes. Una pequeña garra apretó el estómago de Eve mientras estudiaba uno de su amiga, Mavis Freestone, con su pelo azul ensortijado, levantando los brazos en señal de triunfo, titulado Maternidad Rocks!
En ella, vio la letra grande de Mavis.
Deena, Tu eres Rock, también!
MAVIS FREESTONE
Deena había sacado el cartel de Mavis de algún concierto o evento, -y Mavis riendo-, burbujeante, lo firmó con el bolígrafo púrpura de Deena. El ruido, las luces, el color, la vida… Eve lo imaginó. Y un recuerdo emocionante para una chica de dieciséis años que no podía haber sabido que tendría muy poco tiempo para conservarlo.
