
Salió de la habitación número 3 y volvió a la de los niños. Tanner seguía sentado en la silla de castigo y todavía parecía que esperaba su inminente final. Tucker estaba dibujando en la pizarra con una tiza de color.
– Niños, ¿alguno de vosotros ha abierto alguna ventana?
– No, mamá -dijo Tucker sin dejar de dibujar.
Tanner levantó la cabeza y la agitó con fuerza.
Decían la verdad. Cuando mentían, abrían mucho los ojos y la miraban como si fuera una cobra y los estuviera hipnotizando con el movimiento de su cabeza. Cate esperaba que siguieran haciéndolo cuando fueran adolescentes.
La única explicación para aquella ventana abierta era que, realmente, el señor Layton había saltado y se había marchado.
¿Por qué diantre haría una cosa así?
Además, si se hubiera hecho daño, ¿el seguro de la pensión lo cubriría?
Capítulo 2
Cate bajó corriendo las escaleras esperando que Sherry no hubiera tenido que hacer frente a una avalancha de clientes mientras ella estaba arriba con los gemelos. Cuando se acercó a la puerta de la cocina, oyó la voz de Sherry, muy divertida.
– Me preguntaba cuánto tiempo ibas a quedarte debajo del fregadero.
– Tenía miedo de que, si me movía, también me pegaría un cachete en el culo.
Cate se detuvo en seco y con los ojos abiertos como platos. ¿Lo había dicho el señor Harris? ¿El señor Harris? ¿Y a Sherry? Podía imaginárselo diciéndoselo a otro hombre, pero cuando hablaba con una mujer apenas podía decir dos palabras seguidas sin sonrojarse. Además, lo había dicho en un tono relajado que ella desconocía, un tono que le hacía dudar de si realmente lo había oído.
