
– Entonces, cámbialo para otro día. Llama a la oficina del gobernador y diles que ha surgido algo importante.
William torció los labios.
– Espera -dijo Lucas-. Por favor, no alteres tu agenda por mí. Paige y yo pasaremos la noche en Miami. Podemos desayunar juntos.
Benicio guardó silencio durante unos instantes y luego asintió.
– Desayuno mañana, entonces, y unas copas esta noche si termino temprano con el gobernador. En cuanto a ese otro asunto…
– Señor -dijo William-, a propósito del desayuno… Mañana tiene una reunión a primera hora de la mañana.
– Cámbiala -respondió Benicio con voz tensa. Cuando William se dio la vuelta para retirarse, lo detuvo-. William, antes de que te vayas, me gustaría que conocieras a Paige…
– La bruja. Ya nos conocemos.
Ni siquiera miró en mi dirección. Benicio arrugó el ceño y dijo algo en castellano. Mi castellano es bastante bueno y Lucas me ha ayudado a mejorarlo -entre otras cosas para que podamos hablar sin que nos entienda Savannah-, pero pronunció las palabras con demasiada rapidez para mis habilidades de traducción. No necesité un intérprete, sin embargo, para saber que estaba reconviniendo a William por su descortesía.
– ¿Y dónde está Carlos? -inquirió Benicio, volviendo al inglés-. Tendría que estar aquí para ver a su hermano y saludar a Paige.
– ¿Ya son pasadas las cuatro? -preguntó William.
– Por supuesto que sí.
– Entonces Carlos no está aquí. Si me disculpan…
Benicio giró sobre sus talones y nos miró, como si William ya se hubiera ido.
– ¿Dónde estábamos? Sí. El otro asunto. He convocado una reunión en veinte minutos para proporcionaros todos los detalles. Sirvámosle a Paige una bebida fresca y luego vayamos a la sala de juntas.
Seguro familiar contra actos de violencia
