– ¿Por qué no le pides a Fritz que te consiga algunos?

– Él está demasiado ocupado saciando nuestros deseos para tus ropas, hombre.

De acuerdo, tal vez recientemente Butch consiguió un contacto interno en Versace, y quién habría pensado que lo habría tenido, pero ¿cuán difícil puede ser el meter una docena de sedas adicionales en la casa?

– Las pediré para ti.

– No eres un caballero. – V retiró hacia atrás su cabello oscuro. Los tatuajes de su sien izquierda aparecieron y luego quedaron encubiertos otra vez. -¿Necesitas el Escalade esta noche?

– Sí, gracias. – Butch metió sus pies en sus mocasines de Gucci, sin sentarse.

– ¿Entonces vas a ir a ver a Marissa?

Butch asintió. -Necesito saberlo. De una u otra manera.

Y él tenía el presentimiento de que iba a ser la otra.

– Ella es una buena mujer.

Ella seguro por todos los infiernos que lo era, por lo cuál probablemente era por lo que no le devolvía sus llamadas. El ex-policía quien como buen escocés no era exactamente buen material para relacionarse con las mujeres, humanas o vampiras. Y el hecho de que él no era una de esas cosas no lo ayudaba en la situación.

– Bien, poli, Rhage y yo estaremos relajándonos en el One Eye. Vienes y nos buscas cuando lo hayas hecho.

Un golpe, como si alguien golpeara la puerta principal con un ariete, hizo que giraran sus cabezas.

V se subió la toalla. -Maldita sea, el chico volador tiene que aprender a usar el timbre de la puerta.

– Intenta hablarle. Él no me escucha.

– Rhage no escucha a nadie. – V bajó corriendo hacia vestíbulo.

Cuando el estruendo se silenció, Butch fue hacia su extensa colección de corbatas. Escogió una Brioni azul claro, volvió el cuello de su blanca camisa, y colocó la seda alrededor de su cuello. Cuando salió de la sala de estar, pudo oír a Rhage y a V hablando sobre ¿”RU still down” de Tupac?



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