Sorprendida ante semejante unidad temática entre cuentos escritos tan espaciadamente, pensé que estaría bien hacer una pequeña selección y publicarlos juntos: y este libro es el resultado de esa idea. Los relatos vienen presentados en un orden más o menos cronológico; el primero y más antiguo, «Paulo Pumilio», es de 1981, y salió en el volumen colectivo Doce relatos de mujer, compilado por Ymelda Navajo. Después está «Alma caníbal», publicado en el diario El País en 1986; y luego «La vida fácil» en realidad formaba parte de una novela que nunca terminé. Debí de escribirlo alrededor de 1986, y vio la luz en una antología de la revista Litoral.

«Noche de Reyes» salió en El País Semanal en unas Navidades: quizá las de 1988. Más tarde, entre 1990 y 1994, escribí en el mismo suplemento de El País decenas de cuentos cortísimos: tenía que encajarlos en las estrecheces de una sola página (poco más de tres folios), y supusieron para mí un estupendo ejercicio narrativo. He incluido siete de ellos en este volumen: «La otra», «El reencuentro», «La gloria de los feos», «Mi hombre», «El monstruo del lago», «Carne quemada» y «Retrato de familia».

«Parece tan dulce» nació en 1993 a raíz de una petición de mi agente, Carmen Balcells, y ha salido impreso en diversas revistas. El País Semanal publicó «El puñal en la garganta» en el verano de 1994, y «Tarde en la noche» en el verano de 1995. Por último, este libro incluye cinco relatos nuevos, todos ellos redactados entre el otoño de 1995 y finales de 1997. «Las bodas de plata» es un cuento ligero que resultó divertido escribir. «Un viaje a Vetusta» nació a instancias de Miguel Munárriz, organizador de los conocidos Encuentros Literarios de Oviedo. En los Encuentros de 1996, Munárriz y el escritor José Manuel Fajardo propusieron a varios autores (Bernardo Atxaga, Luis Sepúlveda, Manuel Rivas y yo) que hiciéramos cada uno un relato titulado «Un viaje a Vetusta», comenzando todos por la misma frase: «Aquel viaje sólo empezó a tener sentido ante la visión de las piedras que se amontonaban a las espaldas de la catedral». En realidad este cuento no es estrictamente inédito, puesto que se leyó en público en Oviedo y apareció en el precioso volumen anual que recoge las actas de los Encuentros.



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