Entra en un bar y se acomoda en la barra como si sintiera escozor en todo el cuerpo. Sus movimientos producen una sensación vaga e inquietante en el resto de los parroquianos. ¿Esto es Barcelona?, preguntó. De noche los jardines parecen iguales, de día la impresión es diferente, como si los deseos se canalizaran a través de las flores y parterres y enredaderas. «Cuidan sus coches y sus jardines»… «Alguien ha creado un silencio especial para nosotros»… «Primero se movía de dentro hacia fuera y luego con un movimiento circular»… «Sus nalgas quedaron completamente arañadas»… «La luna se oculta detrás del único edificio grande del sector»… «¿Es esto Barcelona?»…

17. INTERVALO DE SILENCIO

Observe estas fotos, dijo el sargento. El hombre que estaba sentado en el escritorio las fue descartando con indiferencia. ¿Cree usted que podemos sacar algo de aquí? El sargento parpadeó con un vigor similar al de Shakespeare. Fueron tomadas hace mucho tiempo, empezó a decir, probablemente con una vieja Zenith soviética. ¿No ve nada raro en ellas? El teniente cerró los ojos, luego encendió un cigarrillo. No sé a qué se refiere. Mire, dijo la voz… «Un descampado al atardecer»… «Larga playa borrosa»… «A veces tengo la impresión de que nunca antes había usado una cámara»… «Paredes descascaradas, terraza sucia, camino de gravilla, un letrero con la palabra oficina»… «Una caja de cemento a la orilla del camino»… «Ventanales desdibujados de restaurante»… No sé adónde diablos quiere llegar. El sargento vio por la ventana el paso del tren; llevaba gente hasta en el techo. No aparece ninguna persona, dijo. La puerta se cierra. Un poli avanza por un largo pasillo tenuemente iluminado. Se cruza con otro que lleva un expediente en la mano. Apenas se saludan. El poli abre la puerta de una habitación a oscuras. Permanece inmóvil dentro de la habitación, la espalda apoyada contra la puerta de zinc. Observe estas fotos, teniente.



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