
Jamás había permitido que nadie se le acercara de aquel modo, pero, después de aquella primera noche, no había podido olvidarse de Anna como lo había hecho del resto de las mujeres con las que había estado. Reconocer algo tan sencillo le aterrorizaba. El único modo en el que había podido controlarlo había sido separándola de las otras partes de su vida. Ella podría ser su amante, pero nada más.
No podía permitir que ella le importara. Aún mantenía la guardia para que ella no se acercara demasiado. Si lo hacía, Anna podría destruirlo. Ninguna otra mujer había amenazado sus defensas de aquel modo, por lo que, en ocasiones, sentía deseos de marcharse y de no regresar nunca más, de no volver a verla, pero no podía hacerlo. La necesitaba desesperadamente, pero tenía que esforzarse constantemente para que ella no se diera cuenta.
El acuerdo al que habían llegado le permitía dormir con ella toda las noches y perderse una y otra vez en su cálido y maravilloso cuerpo. En la cama, podía besarla y acariciarla, envolverse en ella. En la cama podía saciarse de su miel, calmar la necesidad que tenía de tocarla, de abrazarla. En la cama, ella se aferraba a Saxon con abandono, haciendo todo lo que él quería y acariciándolo con un descaro y una ternura que lo volvían loco. Cuando estaban juntos en la cama, parecía que ella no podía dejar nunca de tocarlo y, muy a su pesar, Saxon gozaba con ello.
Sin embargo, a pesar de todo lo que habían vivido juntos en aquellos dos últimos años, Saxon conocía muy poco de la vida de ella. Anna no bombardeaba a nadie con detalles de su pasado o de su presente y él no le había preguntado nada porque, al hacerlo, le estaría dando el mismo derecho a ella para preguntarle a él sobre su vida, algo sobre lo que Saxon prácticamente ni pensaba.
Sabía los años que ella tenía, dónde había nacido, dónde había estudiado, su número de la Seguridad Social, sus anteriores trabajos… todos los detalles que aparecían en su currículum. Sabía que era una persona concienzuda, detallista y amante de una vida tranquila. Raramente bebía alcohol y de hecho, últimamente, parecía haberlo dejado del todo. Leía bastantes libros de temas muy variados y Saxon sabía que ella prefería los colores pastel y que no le gustaba la comida picante.
