Pero también hubiera sido mucho más difícil extraerle un sentido a lo que estábamos diciendo, y eso no nos pareció útil. La esencia de esta historia no reside en la cantidad de términos raros que hayamos podido inventarnos; reside más bien en la reacción de un grupo de gente algo parecida a nosotros, que vive en un mundo que es algo parecido al nuestro en todo excepto en un detalle altamente significativo, y su reacción al desafío de una situación completamente distinta de cualquier cosa con lo que la gente de la Tierra haya tenido que enfrentarse nunca. Bajo esas circunstancias, nos pareció mejor decir que alguien se puso sus botas de marcha antes de emprender una caminata de once kilómetros que atestar el libro con quonglishes, vorks y gleebishes.

Si lo prefiere, puede usted imaginar que el texto dice «vorks» allá donde dice «kilómetros», «gliizbiiz» allá donde dice «horas» y «sleshtraps» allá donde dice «ojos». O puede inventarse sus propios términos. Vorks o kilómetros, no representará ninguna diferencia en el momento en que aparezcan las Estrellas.


I. A.

R. S.

UNO — ATARDECER

1

Era una deslumbrante tarde de cuatro soles. El gran y dorado Onos estaba alto en el Oeste, y el pequeño y rojo Dovim se alzaba aprisa sobre el horizonte por debajo de él. Cuando mirabas hacia el otro lado veías los brillantes puntos blancos de Trey y Patru resplandecer contra el purpúreo cielo oriental. Las ondulantes llanuras del continente más septentrional de Kalgash estaban inundadas por una prodigiosa luz. La oficina de Kelaritan 99, director del Instituto Psiquiátrico Municipal de Jonglor, tenía enormes ventanas a cada lado para mostrar toda la magnificencia del conjunto.



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