
Nos habíamos puesto de acuerdo previamente sobre los libros. Andrés y yo, por razones obvias, nos sometíamos dócilmente al criterio de Violeta, y debo reconocer que era lo único en que nos sometíamos a ella. Yo era la encargada de los videos, que mi hijo Borja había ya grabado durante el invierno. Los primeros años llevábamos películas antiguas, mucho clásico, mucho blanco y negro. Cuando el mercado de videos estuvo casi tan al día como el del cine, veíamos en el verano las películas que nos saltábamos en el invierno. Yo ya no iba al cine; odiaba que me reconocieran y temía al inevitable compañero de asiento, abriendo sus caramelos con ese ruido del celofán en el silencio de la sala, arruinándome todo goce posible. Y cuando luego empezaban a mascar o les daba por los chicles, sencillamente me cambiaba de asiento. (Nunca olvidaré mi primera ida al cine en Nueva York, cuando en la cola vi a esos gringos con sus enormes vasos de papel encerado repletos de popcorn. Corté por lo sano: abandoné la cola y nunca más pisé una sala. No soñé que semejante costumbre llegaría más tarde a mi país.)
«¿Llevas este año la wafflera? Ya. ¿Y la parrilla? Es que a mí no me cabe la plancha para la carne, no me cabe absolutamente nada más.»
«La cafetera suiza, ¿la echaste? Yo llevo la Bialetti.»
«¿Y la guitarra?»
«Ay, Violeta, no jodas. Voy a descansar.»
«Entonces Jacinta lleva la suya. No te hagas la ilusión de no cantar en todo el verano.»
A medida que pasaban los años, nos fuimos sofisticando.
«¿Celular? ¡No seas siútica, Josefa! ¿Para qué lo necesitamos? La idea es que el resto del mundo no exista.»
Tenía razón Violeta: de eso se trataba. Si no fuera por los postes de la electricidad, no habríamos sabido en qué siglo estábamos. Hasta la ausencia de un almacén nos ayudaba a construir este refugio contra todos los rasgos distintivos de nuestra civilización. Hace poco leí una encuesta; el dos por ciento de la población no sabe quién es el Presidente de la República. Pensé en los campesinos del Llanquihue: no me cupo duda de que Aguayito formaba parte de ese porcentaje.
