
Tantas veces había intentado imaginárselo sin ropa, desnudo del todo… Lo deseaba con tanta desesperación…
– Luke -le susurró-, me deseas, ¿verdad?
Su respuesta le llegó sin palabras. Sonriendo, se apartó levemente para que pudiera ver la prueba por sí misma: allí estaba, duro y orgulloso con el espléndido y arrogante poder de la juventud. Y era todo suyo.
– Luke -gimió, impaciente.
– Sí, cariño.
Finalmente le separó las piernas y se colocó entre ellas. Segundos después empezaba a deslizarse fluidamente en su interior, y fue tan hermoso que Pippa empezó a desear más y más. Deseaba desesperadamente que empezara a moverse y que no se detuviera nunca. Deseaba tener el universo en sus manos y Luke se lo estaba ofreciendo. A cada empuje se hundía lenta y profundamente en ella, abrumándola de placer y despertando a la vida hasta la última terminación nerviosa de su cuerpo.
Entonces sucedió. Un resorte se activó en el universo y de repente todo encajó en su lugar. A partir de entonces el instinto se hizo cargo de su persona, guiándola perfectamente. Era como si Luke le hubiera lanzado un sueño y ella lo hubiera atrapado al vuelo para echar a correr con él. Nadie le había dicho cómo, pero sus caderas empezaron a moverse como si tuvieran voluntad propia. El pensamiento de ser capaz de incrementar su propio placer y, al mismo tiempo, aumentar el de Luke la llenó de júbilo, y cuando él respondió incrementando la fuerza de sus embates, la sensación resultó sencillamente abrumadora.
Percibiendo que él esta experimentando lo mismo, echó la cabeza hacia atrás y lo miró. Sí, todo aquello estaba sucediendo realmente. Había magia en el mundo, después de todo, y felicidad, y gozo, y risa y canciones. Era cierto. Era joven, alegre y se sentía viva, y todo eso era maravillosamente real.
