
¿Qué fue de «entrevista fácil» y de «no hace ninguna falta que vaya yo»? Que Harden era un manipulador era un hecho conocido; ¿pero un farsante así de malo? Emociones Líquidas era, obviamente, un tema prometedor que había llevado en solitario. Ahora había metido la pata con su agenda y al no poder estar en dos sitios a la vez, echaba mano de Codi. Lógicamente, no por ello querría compartir con él la exclusiva. Y sin embargo fingía que no le importaba hacerlo, para descubrirse a sí mismo un minuto más tarde.
Todas esas consideraciones pasaron por la mente de Codi en el instante en que apretaba los labios y pronunciaba un escueto «sí, señor». Caminaba deprisa porque estaba enfadado, y en el tiempo que llevaba hablando con Harden había avanzado un buen trozo a lo largo de la calle. La parte de la ciudad donde se encontraba resultaba ideal para un paseo: la zona peatonal era amplia y no muy concurrida. Hacía una agradable y fresca mañana de primavera, pero la conversación hacía difícil que Codi disfrutara de esos detalles. De hecho, ya empezaba a preguntarse cuánto tardaría en encontrar un taxi.
— Por cierto, hay algo más… — oyó decir a Harden, y volvió a prestar inmediata atención—. Una antigua empresa de Ramis, la precursora de Emociones Líquidas, estuvo implicada en una investigación policial. Hace ya muchos años de aquello. No se llegó a acusar a nadie, pero sería interesante ver qué podemos sacar de esa circunstancia.
