Cualquier persona sabe que algunos pequeños y certeros elogios son parte necesaria de una conversación placentera. No vas allí para hacer carrera, sino para tender un puente. Tienes que caerle bien al dichoso Ramis, y qué puede ser más útil y de mejor educación que hablarle de cosas que le puedan gustar. Familia, uno. En eso no te puedo ayudar. No tenemos ninguna información sobre su vida privada. Negocios, dos. De eso ya hemos hablado. Si lo haces todo bien, concierta una nueva cita. Entonces iré a sacarle más jugo.

¿Qué fue de «entrevista fácil» y de «no hace ninguna falta que vaya yo»? Que Harden era un manipulador era un hecho conocido; ¿pero un farsante así de malo? Emociones Líquidas era, obviamente, un tema prometedor que había llevado en solitario. Ahora había metido la pata con su agenda y al no poder estar en dos sitios a la vez, echaba mano de Codi. Lógicamente, no por ello querría compartir con él la exclusiva. Y sin embargo fingía que no le importaba hacerlo, para descubrirse a sí mismo un minuto más tarde.

Todas esas consideraciones pasaron por la mente de Codi en el instante en que apretaba los labios y pronunciaba un escueto «sí, señor». Caminaba deprisa porque estaba enfadado, y en el tiempo que llevaba hablando con Harden había avanzado un buen trozo a lo largo de la calle. La parte de la ciudad donde se encontraba resultaba ideal para un paseo: la zona peatonal era amplia y no muy concurrida. Hacía una agradable y fresca mañana de primavera, pero la conversación hacía difícil que Codi disfrutara de esos detalles. De hecho, ya empezaba a preguntarse cuánto tardaría en encontrar un taxi.

— Por cierto, hay algo más… — oyó decir a Harden, y volvió a prestar inmediata atención—. Una antigua empresa de Ramis, la precursora de Emociones Líquidas, estuvo implicada en una investigación policial. Hace ya muchos años de aquello. No se llegó a acusar a nadie, pero sería interesante ver qué podemos sacar de esa circunstancia.



10 из 294