
El rocío del amanecer ya se había evaporado, así que se dejo caer al suelo, se desató la bota, y se la sacó. Estaba a punto de incorporarse y comenzar a caminar de nuevo cuando se dio cuenta de que llevaba puestas sus medias favoritas. Con un suspiro, se subió la falda y despacio se la quitó también.
* * *
Desde su posición, a unas diez yardas de distancia, John no podía creer lo que veían sus ojos. Belle había deambulado hasta su propiedad otra vez, y estaba a punto de dar conocer su presencia cuando ella comenzó a refunfuñar para si misma y luego se dejo caer sobre la tierra sin ceremonia alguna.
Intrigado, John se ocultó tras un árbol. Lo que siguió a continuación fue una escena mucho más seductora de lo jamás hubiera podido soñar. Después de quitarse el calzado, Belle se había levantado las faldas hasta bastante más arriba de sus rodillas, ofreciéndole una seductora vista de sus esculturales piernas. John casi gimió en voz alta. En una sociedad que consideraba los tobillos como algo procaz, esto resultaba muy erótico.
John sabía que no debería mirar. Pero mientras seguía allí de pie, viendo como Belle, lentamente, deslizaba la media por su pierna, no podía pensar en otra alternativa. Si la llamaba, tan solo conseguiría avergonzarla. Mejor que no supiera que estaba allí. Un verdadero caballero, supuso, tendría la fortaleza suficiente para volverse de espaldas, pero, John decidió que la mayor parte de los hombres que se tomaban la molestia de llamarse a si mismos caballeros eran unos necios.
Sencillamente, no podía apartar los ojos de ella. Su inocencia sólo la hacía más seductora, más aún que a la mayoría de las profesionales. Su no planeado striptease era de lo más sensual al irse quitando Belle la media con atormentadora lentitud; no porque tuviera un auditorio, sino porque parecía gustarle la sensación de la seda deslizándose a lo largo de su suave piel.
