»El aspecto polнtico es mбs importante; me resultarнa de gran ayuda si fueras mi vнnculo con la princesa viuda y con… con el pequeсo emperador. Entabla amistad con ella, si puedes; es una mujer extremadamente reservada. La educaciуn del niсo es vital. No debemos repetir los errores de Ezar Vorbarra.

— Lo intentarй — suspirу ella -. Ya veo que serб toda una tarea pasar por una Vor barrayaresa.

— No te lo tomes demasiado a pecho. No me gustarнa verte forzada. Ademбs, hay otra cuestiуn.

— їPor quй serбqueesonomesorprende? Adelante.

Йl se detuvo, eligiendo las palabras.

— Cuando Serg, el difunto prнncipe heredero, llamу al conde Vortala un farsante progresista, no fue del todo un disparate. Los insultos que hieren siempre tienen algo de verdad. El conde Vortala ha intentado formar su partido progresista sуlo en las clases superiores. Entre la gente que importa, como dirнa йl. їNotas la pequeсa discontinuidad en su forma de pensar?

— Sн, es tan pequeсa como el caсуn Hogarth, allб en casa.

— Tъ eres una mujer betanesa de renombre en toda la galaxia.

— Oh, vamos.

— Asн es como te ven aquн. Creo que tъ no eres muy consciente de ello. En realidad, es muy halagador para mн.

— Esperaba ser invisible. Pero no creo que sea tan querida despuйs de lo que hicimos a vuestro bando en Escobar.

— Es nuestra cultura. Mi gente le perdona casi cualquier cosa a un soldado valiente. Y en tu persona se reъnen las dos facciones opuestas: la aristocracia militar y los plebeyos pro galбcticos. Realmente, creo que a travйs de ti podrнa ganarme a una buena parte de la Liga de Defensa Popular, si estuvieras dispuesta a jugar mis cartas.

— Por Dios, Aral. їDesde cuбndo estбs pensando en esto?

— En el problema, desde hace mucho. En ti como parte de la soluciуn, hoy mismo.

— їQuй, en proponerme como falso caudillo para alguna clase de partido constitucional?



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