
— Oh. Bueno, te garantizo que no tengo ningъn deseo de convertirme en emperatriz de Barrayar. Te digo esto por si tenнas alguna duda.
— No la tenнa.
El vehнculo se detuvo ante una reja en un muro de piedra. Cuatro guardias los inspeccionaron minuciosamente, revisaron los pases de Illyan y les permitieron entrar. Todos esos guardias allн, y en la Residencia Vorkosigan… їcontra quй los protegнan? Contra otros barrayareses, seguramente, en ese panorama polнtico tan fraccionado. El viejo conde habнa empleado una frase muy barrayaresa que a ella le habнa parecido graciosa, pero ahora la recordу con inquietud. Con todo este estiйrcol, debe de haber un poni en alguna parte. Los caballos eran prбcticamente desconocidos en Colonia Beta, con excepciуn de unos pocos ejemplares en los zoolуgicos.
Con todos estos guardias… Pero si yo no soy enemiga de nadie, їcуmo es posible que alguien me quiera mal?
Illyan, quien parecнa algo nervioso, se dirigiу a ellos.
— Seсor — dijo a Vorkosigan en forma vacilante -, yo sugerirнa… incluso le rogarнa que reconsiderara la posibilidad de instalarse aquн, en la Residencia Imperial. Los problemas de seguridad… mis problemas — esbozу una sonrisa tensa con la cual sus facciones planas adoptaron un aspecto de cachorro — serнan mucho mбs fбciles de controlar aquн.
— їEn quй habitaciones ha pensado? — preguntу Vorkosigan.
— Bueno, cuando… cuando Gregor asuma el tнtulo, йl y su madre se mudarбn a las habitaciones del emperador. Entonces las de Kareen quedarбn vacнas.
