
La más antigua, numerosa y arraigada de estas comunidades es la turca, desde luego, y para hacerse una idea de la fuerza de su presencia, basta darse una vuelta, los sábados por la mañana, por el dédalo multicolor y abigarrado, lleno de aromas exóticos, del mercado de Kreuzberg. Este barrio fue famoso, en los años sesenta, por sus artistas, sus revolucionarios y sus comunas de vida alternativa. Su cercanía al muro de la vergüenza hizo que los precios de la propiedad fueran allí muy bajos, por lo que se llenó de estudiantes menesterosos, de ácratas, bohemios y turcos. Todavía en 1992 Kreuzberg conservaba esta aureola de Corte de los Milagros berlinesa, y no había sitio mejor, para ir a cine – clubs a ver películas en versión original, exposiciones o teatros de vanguardia, mítines políticos radicales (sus muros lucían carteles de propaganda de ETA, Sendero Luminoso y Mao Zedong), o degustar dolma, humus, kebab y otros turkish delights, de este barrio.
