
Wicca se levantó y acompañó a Brida hasta la puerta. -No has venido aquí para saber sobre la Otra Parte -dijo, antes de despedirse-. Tú tienes un Don, y después de que sepas de qué Don se trata, quizá pueda enseñarte la Tradición de la Luna.
Brida se sintió una persona especial. Necesitaba sentirse así; aquella mujer inspiraba un respeto que poca gente le había infundido.
– Haré lo posible. Quiero aprender la Tradición de la Luna.
"Porque la Tradición de la Luna no necesita bosques oscuros", pensó.
– Presta atención, jovencita -dijo Wicca con severidad-. Todos los días a partir de hoy, a una misma hora que tú elegirás, quédate sola y abre una baraja de tarot sobre la mesa. Ábrela al azar y no procures entender nada. Limítate a contemplar las cartas. Ellas, a su debido tiempo, te enseñarán todo lo que necesitas saber por el momento.
"Parece la Tradición del Sol; yo de nuevo enseñándome a mí misma", pensó Brida, mientras bajaba las escaleras. Y fue cuando estaba en el autobús, cuando se dio cuenta de que la mujer se había referido a un Don. Pero podrían conversar sobre esto en un próximo encuentro.
Durante una semana, Brida dedicó media hora al día a esparcir su baraja sobre la mesa de la sala. Acostumbraba acostarse a las diez de la noche y colocar el despertador a la una de la madrugada. Se levantaba, hacía un rápido café y se sentaba para contemplar las cartas, procurando comprender su lenguaje oculto.
La primera noche estuvo llena de excitación. Brida estaba convencida de que Wicca le había pasado alguna especie de ritual secreto, e intentó colocar la baraja exactamente como ella lo había hecho, segura de que mensajes ocultos acabarían por revelarse. Después de media hora, con excepción de algunas pequeñas visiones que ella consideró fruto de su imaginación, nada de especial sucedió.
Brida repitió lo mismo la segunda noche. Wicca había dicho que la baraja le contaría su propia historia y -a juzgar por los cursos que ella había frecuentado- era una historia muy antigua, de más de tres mil años de edad, cuando los hombres estaban aún próximos a la sabiduría original.
