
Depredadores con navaja que campaban a su antojo por la calle. Y ahora habían matado.
Llegó otro coche del que se bajó un hombre. Un rostro conocido de Rebus: Steve Holly, gacetillero local de un tabloide de Glasgow. Rechoncho, dinámico como nadie y pelo tieso con brillantina. Antes de cerrar el coche, Holly metió bajo su brazo el portátil del que nunca se separaba. Por si acaso; ése era Steve Holly, un experto en reportajes de calle. Saludó a Rebus con una inclinación de cabeza.
– ¿Tiene algo para mí?
Rebus negó con la cabeza y Holly miró a su alrededor en busca de otra fuente de información menos reacia.
– He oído que le han echado de St. Leonard -comentó para entablar conversación mirando a todos lados menos a Rebus-. No me diga que le han exilado en estos pagos.
Rebus no quiso entrar al trapo, pero Holly insistió.
– Esto es un auténtico basurero. Una escuela de mala vida, ¿no es cierto? -añadió encendiendo un cigarrillo.
Rebus sabía que Holly pensaba ya en el artículo que escribiría después, perfilando frases ingeniosas y retazos de filosofía barata.
– Me han dicho que era asiático -espetó finalmente el periodista, expulsando humo y tendiendo la cajetilla a Rebus.
