
El patólogo se encogió de hombros.
– Dado que, al parecer, ha vuelto a casa, tal vez lo restituyamos a su vitrina.
– ¿Se lo ha dicho al profesor?
– Le envié un correo electrónico esta tarde.
– ¿Un mensaje por correo electrónico teniendo su despacho a veinte metros…?
– Pues es lo que hice -añadió Curt poniéndose en pie.
– Le tiene miedo, ¿eh? -dijo Siobhan en broma.
Curt no se dignó responder al comentario. Le abrió la puerta y la despidió con una leve inclinación de cabeza. Tal vez fuese por sus modales anticuados, pensó Siobhan, pero lo más seguro es que no osaba mirarla a la cara.
El itinerario de vuelta a su casa discurría por el puente George IV. Dobló a la derecha de los semáforos y decidió dar un pequeño rodeo por High Street. Había cartelones en la catedral de St. Giles anunciando recorridos históricos de espectros aquella misma noche. Comenzaban dos horas más tarde, pero ya había turistas leyendo los programas. Más adelante, ante el viejo Tron Kirk, había más anuncios incitando a vivir el «pasado embrujado de Edimburgo». Lo que a ella más le preocupaba era su agobiante realidad presente. Miró el callejón Fleshmarket vacío. ¿No era un buen incentivo para añadirlo al recorrido de los guías turísticos? En Broughton Street aparcó junto a la acera y entró en una tienda a comprar comestibles y el periódico de la tarde. Su casa estaba cerca; no encontró aparcamiento y dejó el coche sobre la raya amarilla confiada en retirarlo antes de que los agentes iniciaran la ronda matutina.
Vivía en una casa de cuatro pisos con la suerte de no tener vecinos que dieran fiestas nocturnas o fuesen baterías aficionados de rock. Conocía a algunos de vista, pero no sus nombres. En Edimburgo la gente casi no habla con los vecinos, salvo si existe algún problema común que resolver, como una gotera o un canalón roto. Pensó en Knoxland, con sus pisos de tabiques de papel donde se oían unos a otros. Las únicas pegas en su casa eran un vecino con gatos y que la escalera olía, pero una vez dentro del apartamento ella se desconectaba del mundo.
