Siobhan lanzó un bufido y continuó cenando y hojeando el periódico, deteniéndose sobre todo en la página de los programas de televisión, pero era evidente que no había ninguno entretenido hasta la hora de acostarse, por lo que las alternativas eran música y un libro. Comprobó el contestador y vio que no había mensajes, puso a recargar el móvil y se trajo un libro y el edredón nórdico del dormitorio. Puso un compacto de John Martyn que le había prestado Rebus y pensó cómo pasaría él la velada; tal vez en el pub con Steve Holly, o a solas. Bueno, ella tendría una noche tranquila y así estaría más en forma por la mañana. Leería dos capítulos antes de atacar el helado.

La despertó el teléfono. Saltó del sofá y descolgó.

– Diga.

– No te habré despertado… -dijo Rebus.

– ¿Qué hora es? -respondió ella tratando de verla en su reloj.

– Las once y media. Lo siento si estabas en la cama.

– No. ¿Dónde es el fuego?

– La verdad es que no es ningún fuego; simples rescoldos. Se trata del matrimonio cuya hija ha desaparecido.

– ¿Qué sucede?

– Que requieren tu presencia.

– No entiendo -dijo ella pasándose la mano por el rostro.

– Acaban de recogerlos en Leith.

– ¿Los han detenido?

– Por abordar a las busconas. La madre estaba histérica y los llevaron a la comisaría de Leith a ver si se calmaba.

– ¿Y tú cómo te has enterado?

– Porque llamaron aquí desde Leith preguntando por ti.

– ¿Todavía estás en Gayfield Square? -dijo ella frunciendo el ceño.

– A esta hora se está muy tranquilo y puedo disponer de la mesa que quiera.

– Ya es hora de que te vayas a casa.



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