
Stone se levantó.
– Le agradezco mucho la información… sobre esto y sobre Cathy. Gracias.
Y se encaminó al ascensor. Sabía que el doctor Tucker no comprendería su negativa a la operación. Su primer médico tampoco lo había comprendido. Era un hombre sano y tenía el dinero para pagarla. ¿Dónde estaba entonces el problema?
Lo que ellos no podían saber y él no estaba dispuesto a explicarles era que las cicatrices eran parte de su penitencia. Llevaba aquellas cicatrices como recuerdo de aquella noche… y de la muerte de Evelyn. Por si alguna vez llegaba a intentar olvidarlo.
Capítulo 3
Cathy se estiró. Era agradable la sensación de estar adormilada en aquella habitación en penumbra, pero la necesidad de abrir los ojos era fuerte. Llevaba todo el día yendo y viniendo entre el sueño y la vigilia, y sabía que probablemente debía intentar estar despierta un poco más, pero el sueño era tentador.
Cambió de postura en un intento de ponerse más cómoda. Aparte de algunos otros golpes que tenía repartidos por el cuerpo, las dos fuentes de dolor más intenso eran el golpe de la cabeza y la rodilla derecha. Cuando el doctor Tucker había pasado visita aquella tarde estaba despierta, y le había explicado cuál era su situación. Había tenido suerte, según él. Podía haber muerto.
Cathy sabía que era verdad, e intentó no recordar aquellos horribles minutos de espera hasta que llegaron los bomberos. Si Stone no hubiese permanecido en línea con ella, no habría podido conseguirlo.
Stone. Pensar en él le hizo sonreír. Había sido tan bueno con ella, intentando que no perdiera la serenidad, diciéndole que todo iba a salir bien. Además, le había enviado flores como para llenar un invernadero. Qué amable…
Le echaba de menos, y esperaba que él también. Quién sabe cuánto tiempo tardaría en poder volver a trabajar. ¿Seguiría funcionando la empresa? ¿Y las facturas del hospital? Porque seguro que todo aquello no lo cubría el seguro. Su sonrisa se desvaneció y con ella, el buen humor. Mejor sería volverse a dormir.
