Si efectivamente lo había descubierto, no tendría más remedio que sojuzgarla. Pero la idea de tocar a esa mujer le resultó tan excitante que su cerebro le gastó una mala pasada; en lugar de sojuzgarla a ella, imaginó que ella lo ataba a él, con cintas azules, a los postes de la cama.

Al parecer, la lectura de aquella guía para damas lo había trastornado gravemente.

Para alivio de Simon, la señora Ralston se detuvo y se sentó frente al escritorio. Por desgracia, su alivio duró tan poco como lo que tardó ella en encender una vela, cuya luz se extendió hacia él y lo obligó a moverse para seguir oculto a la sombra de la estatua.

No tardó en descubrir lo que pretendía hacer. Sacó una hoja de papel de vitela y alcanzó una pluma. Era evidente que se disponía a escribir una carta, lo cual le pareció extremadamente sospechoso a esas horas de la noche.

Escribió durante varios minutos, hasta que sus movimientos se fueron haciendo más lentos; entonces frunció el ceño, apretó los labios y se inclinó sobre el papel como si intentara concentrarse. Sin embargo, Simon notó que su posición se debía a otra cosa; ahora sostenía la pluma de forma extraña y, de hecho, dejó de escribir un momento y dobló lentamente sus dedos enguantados como si le dolieran. Cabía la posibilidad de que hubiera sufrido algún tipo de accidente.

Siguió con la carta un par de minutos más, devolvió la pluma a su sitio y secó la tinta. Tras introducir el papel en un cajoncillo, sopló la vela, se levantó y caminó hacia la cama. Una vez allí, se quitó la bata, apagó la lámpara de aceite, apartó la colcha y se acostó. La gata alzó la cabeza, pero enseguida volvió a acurrucarse.

Cuando la señora Ralston cerró los ojos, Simon pensó que parecía un ángel inocente. Sin embargo, había aprendido que las apariencias engañaban.

Al cabo de un rato, su respiración se volvió lenta y regular. Él esperó unos minutos más para asegurarse y, sólo entonces, salió de su escondite y abandonó la habitación. Mientras cerraba la puerta a su espalda, se prometió que no solamente encontraría la carta sino que también descubriría todos los secretos de Genevieve Ralston.



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