La mujer moderna debe comprender la importancia de la moda en su búsqueda de la satisfacción íntima. Hay momentos para llevar un vestido elegante, momentos para ponerse un negligé y momentos para no llevar nada en absoluto.


Simon se detuvo. Otra imagen se materializó en su imaginación. Era la misma mujer que lo había atado a la cama; y aunque su cara continuaba oculta en la oscuridad, se bajó las tiras de su negligé y dejó que la prenda de satén cayera al suelo, mostrándose totalmente desnuda. Con los pezones endurecidos y un destello de luna en el vello pálido de su pubis, caminó lentamente hacia él, moviendo las caderas. «¿Dónde has estado?», murmuró. «Te he estado esperando».

Simon sacudió la cabeza para borrar la imagen.

No le extrañó demasiado que el libro tuviera tal efecto en él. Nunca había leído nada tan atrevido, aunque desde luego era la primera vez que leía una guía para damas.

Mientras intentaba recobrar su buen juicio para dejar el libro donde lo había encontrado y seguir con su búsqueda, se encontró pasando otra página. Pero justo entonces, oyó el sonido inconfundible de una puerta que se abría y se cerraba a continuación. Acababa de meterse en un buen lío.

– Hola, dulce Sofía. ¿Me has echado de menos?

La voz que sonó era femenina y muy suave. Sofía, que resultó ser el nombre de la gata, ronroneó.

– Yo también te he echado de menos. Pero tendremos que dejar los juegos para mañana; estoy agotada y necesito dormir.

Ciertamente, Simon tenía un buen problema.

Capítulo Dos

Molesto por haberse distraído de un modo tan impropio de él, Simon dejó el libro donde lo había encontrado y miró a su alrededor.

Sólo había dos salidas posibles: la puerta, que no era una opción viable, y una de las dos ventanas, que tampoco lo eran porque había demasiada altura; además, no podría cerrar por fuera y ella sabría que alguien había entrado en la casa. Aunque lo descubriría de todas formas si no encontraba un escondite rápidamente.



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