– Sí. Se va a casar con Nicole Stevenson -afirmó Matt, con una medio sonrisa que resultaba increíblemente irritante y sexy a la vez.

Kelly comprendió. Thorne, como sus hermanos, había sido un soltero empedernido. Junto con Matt y Slade, el más joven de los tres hermanos, había hecho profunda mella entre las chicas de la ciudad. Ricos, guapos e inteligentes hasta el punto de resultar arrogantes, los tres hermanos habían empezado a ser considerados muy pronto como los solteros de oro del condado y, en consecuencia, habían roto bastantes corazones. Matt, en particular, se había ganado a pulso la reputación de verdadero seductor.

Sin embargo, en aquellos momentos parecía que el primero de los invencibles y alérgicos al matrimonio había caído en las redes de una mujer. La futura esposa era una doctora de urgencias en el hospital local, una madre soltera con dos hijas gemelas.

– Bien. ¿Y tu hermana? -le preguntó ella, tratando de centrarse en el asunto que tenían entre manos-. ¿Tiene algún enemigo conocido?

– No lo sé -admitió Matt. Se sentía bastante molesto. Desde el accidente, los de la oficina del sheriff llevaban metiendo la nariz en la vida de su hermana-. Podría ser. Escribía una columna para el Seattle Clarion.

– ¿Consejos para personas con el corazón roto?

– Algo más que eso. Consejos más generales y muy serios para solteros. Su columna se llama…

– Solos. Lo sé. Tengo copias -dijo Kelly-. No obstante, la mayoría de los consejos que daba eran sobre la vida amorosa de una persona soltera.

– Irónico, ¿verdad? Ella daba todos esos consejos en una columna que aparecía también en otros periódicos y, sin embargo, termina embarazada y casi muere al volante de su coche sin que se sepa siquiera quién es el nombre del padre de ese niño.



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