Imagínate mi sorpresa al terminar de excavar el túnel y encontrarme contigo en la celda vecina a la mía. Celebremos. No obtuvimos la libertad, ganamos la compañía. ¿Hay algo mejor?

¿No contestas? Te entiendo. No sé cuánto tiempo llevas encerrado aquí. Veo por lo largo de tu barba y de tu cabellera que por lo menos tres o cuatro años… ¿Te sorprende que yo te vea y tú a mí no? ¿Aún no te acostumbras a la oscuridad de este pozo? ¿Por qué gritas? Cállate, por amor de Dios. ¿Quieres que acudan los guardias y nos encuentren juntos? No grites, insensato. Si creen que te volviste loco, te llevarán lejos de aquí, al manicomio de Charenton. ¿Qué dices? ¿Que no estás loco, que gritas por alegría? ¿Que llevas años no oyendo otra cosa que el movimiento tribal de las arañas y el tiempo que tarda en formarse y caer la gota de agua del techo?

– No soy loco furioso -dices bajando la cabeza-. El cautiverio me ha quebrado. Me da miedo hablar solo.

Entre la pelambre que cubre ru rostro y tu cabeza, yo admiro un perfil noble y un espíritu humilde. En tu mirada cautiva, veo cómo se agita la nostalgia del aire y del mar. Seré prudente. Estás vencido pero tienes esperanzas. Yo voy a aumentarlas.

– Me da miedo hablar solo.

2.

Hemos acordado un horario que te permita pasar a gatas de tu celda a la mía. Nos separan apenas veinte pies. La distancia física es pequeña; la diferencia intelectual, gigantesca. Me cuentas las razones simples de tu cautiverio. Eras el segundo de a bordo del barco mercante El Faraón. El capitán murió en el trayecto y te pidió -fue su última voluntad- que te detuvieras en la isla de Elba a recibir una carta que luego entregarías en Marsella. Danglars, tu segundo, te reprochó la escala y la pérdida de tiempo. Tú alegaste que no podías dejar de cumplir los deseos de un moribundo. Tú mismo tenías impaciencia. En Marsella te esperaban tu anciano padre y tu novia Mercedes, con la cual contraerías matrimonio la noche misma del arribo a puerto, a pesar de la contrariedad del primo y suspirante de Mercedes, Fernando Mondego.



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