
Muchas veces me han preguntado sí amar a un cliente no es peligroso. Para mí no lo es, y en cuanto a él, parto de la base de que un tratamiento psicoterapéutico siempre es peligroso.
Una vez, Fritz Perls (el creador de la terapia guestáltica) atendió a una mujer que había intentado -varias veces- suicidarse. En medio de un ejercicio terapéutico, ella descubre que en realidad su deseo es matar a su esposo y no a sí misma.
Termina la sesión, la paciente deja el consultorio y pocas horas más tarde intenta asesinar a su marido.
Aun en este caso, que considero muy extremo, sigo sintiendo que fue más sano contactar con su verdadero deseo, que transformarlo -por no permitírselo- en autoagresión.
Creo que si se hubiera permitido hablarlo, sacar afuera ese deseo homicida, quizás, sólo quizás, no hubiese necesitado intentarlo.
En todo caso… cualquier terapia "seria" es peligrosa y el riesgo implícito -creo yo – vale la pena.
CARTA 4
Amiga mía:
Cuando recibo una carta tuya, algo dentro de mí vibra y salta.
Lentamente miro el sobre… la estampilla… tu letra… (¿estabas esta vez tensa? ¿o apurada, quizás?).
Me tomo tiempo para sentirte en contacto conmigo antes de leer el contenido…
… Cada carta tuya es ahora un pedazo de vos que me das… Cada una de las mías es igual…
Me imagino ahora que soy un sobre. Me ponen dentro una carta para vos, me cierran, me escriben tu dirección en la panza y me llevan hasta el correo…
Ahora viene la parte más difícil: el matasellos. ¡¡Ay!! Me ponen en una pila con compañeras circunstanciales, me pasan a una bolsa y de allí, al avión.
Estoy viajando hacia el norte. Es mágico compartir este viaje con otras compañeras. Miles de millones de palabras escritas llevan mensajes similares al mío. O no…
