
– Cuente conmigo.
Nic comprobó su reloj. Eran las nueve y media de la mañana en la costa este de Estados Unidos.
– Salgo para Nueva York ahora mismo. Estaré allí antes de que cierren. Necesito que me dé su número de móvil para que podamos estar en contacto.
Mientras lo anotaba, hizo mentalmente un listado de las personas a quienes tenía que llamar. Después de colgar, telefoneó al investigador jefe en Roma que coordinaba los esfuerzos de varios agentes de policía que trabajaban de incógnito en el caso. Signore Barzini se pondría en contacto con la CIA en Nueva York.
Luego llamó a signore Rossi, el autentificador de joyas más famoso de toda Italia. El era el único que podría constatar que el peine era una pieza auténtica, así que dispuso para él un vuelo a Nueva York desde Parma en uno de los aviones privados de los Varano.
La colección de joyas había pertenecido a la duquesa de Parma, conocida también como María-Luisa de Austria de la casa Borbón y segunda mujer de Napoleón Bonaparte. El robo del tesoro hacía dos años había sido un duro golpe para la familia. Desde entonces, Nic y sus primos habían estado llevando a cabo una investigación privada con la ayuda de la policía y los agentes secretos.
El pasado agosto habían recuperado una de las piezas auténticas al aparecer ésta en una subasta en Londres. Nic había pagado una pequeña fortuna para recuperarla. Desgraciadamente, no había rastro de la persona o personas responsables del atraco.
Ahora que otra pieza de la colección, auténtica o no, había aparecido en Estados Unidos, Nic tenía la esperanza de poder encontrar alguna nueva pista.
Telefoneó a su padre, pero tenía puesto el contestador. Después de evaluar la situación, le pidió a su padre que presentara sus excusas ante la familia Robles por no poder reunirse con ellos. Incluso el padre de Nic estaría de acuerdo en que la llamada de la casa de subastas constituía una emergencia que los padres de Nina comprenderían.
