
Las familias Pastrana y Robles compartían profundos vínculos a través de la casa española de Borbón. Sin embargo, si los padres de Nina creían que podrían endilgarle a Nic a su hija Camilla de veintisiete años como reemplazo de su hermana por alguna tradición familiar, estaban muy confundidos.
Después llamar a su conductor, Nic salió del banco por la entrada privada y subió a la limusina. De camino al aeropuerto telefoneó al piloto, a quien le dijo que tu viera listo el avión de los Pastrana. No era necesario pasar por casa, puesto que a bordo tenía ropa y productos de aseo.
Eufórico por haberse desecho de la banda que lo mantenía cautivo, telefoneó a Max para ponerle al corriente de la situación, pero también tenía puesto su contestador. Frustrado por no poder hablar con él, le dejó un mensaje contándole sus planes. Después llamó a Luc, quien descolgó al tercer tono.
– Olivia y yo estábamos a punto de llamarte. Navegaremos hacia Mallorca este fin de semana. ¿Te gusta ría reunirte con nosotros allí el domingo después de tu visita de rigor?
Luc sonaba como un hombre distinto. Desde su boda con Olivia, era mucho más que feliz. Esperaban un bebé para septiembre. Nic nunca había conocido a una pareja más contenta que ellos a no ser por Greer y Max.
– Nada me gustaría más, pero ha surgido algo importante. Hay noticias que no pueden esperar.
En tan sólo unos minutos le contó todo lo relaciona do con la llamada de Christie’s.
Luc se había serenado.
– Me reuniré contigo en Nueva York.
– No. Olivia y tú necesitáis tiempo para estar solos. Simplemente te cuento esto para que sepas que estaré algún tiempo fuera encargándome de la investigación.
– ¿Qué sucede?
Nic tomó aire.
– ¿Y si te digo que la banda en señal de luto está en la papelera de mi despacho para que la tiren con la basura en unos cuantos minutos?
– ¡Dieu merci! -Explotó su primo-. Era una costumbre arcaica a la que nunca te debiste haber sometido. Espero que esto signifique lo que creo que significa.
