El doctor asintió.

– Así que ahora eres libre para hacer lo que quieras y encargarte de tus asuntos.

Ahogó un sollozo en su garganta.

– Mis asuntos. Mi problema es que no sé cuáles son.

El doctor Arnavitz se inclinó hacia delante.

– El final de los Tres Mosqueteros puede significar el fin de tu juventud, pero también el inicio de la vida de Piper Duchess como una mujer con nuevos mundos que conquistar. Europa está sólo a un vuelo de distancia.

– Lo sé -dijo con voz triste.

Pero Nic estaba allí. Después de la forma en que la había rechazado, ella se negaba a darle la satisfacción de pensar que era consciente de su existencia.

– ¿Aún trabajas en el negocio de Internet?

– Sí.

– Háblame sobre ello.

– Soy artista. Dibujo ilustraciones para calendarios con eslóganes dirigidos a mujeres. Ya sabes, como «Si necesitas que alguien lo haga, díselo a una mujer». Greer pensaba los eslóganes y Olivia se encargaba del marketing.

El sonrió.

– ¿El negocio te da para vivir?

– Sí. Los calendarios se venden muy bien en Estados Unidos y ahora van a ser distribuidos en un par de ciudades europeas.

– ¡Qué suerte! ¿Por qué no haces como Greer y le das la vuelta al asunto?

– ¿Qué quieres decir?

– Tu hermana quería ser millonaria cuando tuviera treinta años y tú querías casarte, así que encárgate de mostrarles cuánto dinero puedes ganar antes de cumplir los treinta. Amplía tus horizontes. Siempre están Sudamérica, Australia, el lejano este… Alquila una oficina y contrata empleados. Conviértete en una magnate y crea tu propio imperio. ¿Quién sabe lo que el futuro te tiene reservado? Si permaneces en ese apartamento y sigues enfadada, nadie sentirá pena por ti. No todas las mujeres son tan inteligentes como tú y tienen tu talento, salud, belleza y habilidad para hacer lo que ellas quieran. No hay nada que pueda pararte excepto tu propia autocompasión.



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