
La tienda de náutica estaba a cinco minutos paseando del muelle. Charlamos por el camino y yo sobre todo escuché la queja de Buddy acerca de su retrato en la película inspirada en el trasplante de corazón de McCaleb y en su búsqueda del asesino de su donante.
– Le pagaron, ¿no? -pregunté cuando hubo terminado.
– Sí, pero ésa no es la cuestión.
– Sí lo es. Ponga el dinero en el banco y olvídese de lo demás. Es sólo una película.
Había algunas mesas y bancos en el exterior de la tienda y nos tomamos el café allí. Lockridge comenzó a formular preguntas antes de que yo tuviera ocasión de empezar. Dejé que echara la caña. Lo consideraba una parte muy importante de mi investigación, puesto que conocía a Terry McCaleb y era uno de los dos testigos de su muerte.
Quería que se sintiera cómodo conmigo, así que le permití que preguntara.
– ¿Cuál es su curriculum? -preguntó-. ¿Fue poli?
– Casi treinta años. En el Departamento de Policía de Los Ángeles. La mitad del tiempo trabajé en homicidios.
– Homicidios, ¿eh? ¿Conocía a Terror?
– ¿Qué?
– Me refiero a Terry. Yo lo llamaba Terror. -¿Cómo es eso?
– No lo sé. Simplemente lo hacía. Le pongo mote a todos. Terry había sido testigo presencial del terror en el mundo, así que lo llamaba Terror.
– ¿ Y yo? ¿ Cuál va a ser mi mote?
– Usted… -Me miró como un escultor sopesando un bloque de granito-. Um…, Maleta Harry. -¿Por qué?
– Porque lleva la ropa bastante arrugada, como si la guardara en una maleta.
Asentí.
– Muy bien.
– Así que ¿conocía a Terry?
– Sí, lo conocía. Coincidimos en algunos casos cuando él estaba en el FBI. Y después en otro más después de que recibió su nuevo corazón.
