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Estaba en la oscuridad, flotando en un mar negro, bajo un cielo sin estrellas. No podía oír nada ni ver nada. Era un momento de tinieblas, hasta que Rachel Walling abrió los ojos y se despertó.

Miró al techo. Escuchó el viento y oyó las ramas de las azaleas que rascaban la ventana. Se preguntó si había sido el arañazo en el vidrio o algún otro sonido del interior de la casa lo que la había despertado. Sonó su móvil. No estaba sobresaltada. Extendió el brazo con calma hacia la mesita de noche. Se llevó el teléfono a la oreja y respondió con voz completamente alerta, sin el menor atisbo de sueño.

– Agente Walling -se identificó.

– ¿Rachel? Soy Cherie Dei.

Rachel supo al instante que la llamada no tenía nada que ver con las reservas indias. Cherie Dei significaba Quantico. Habían pasado cuatro años desde la última vez. Rachel había estado esperando.

– ¿Dónde estás, Rachel?

– Estoy en casa. ¿Dónde esperabas encontrarme?

– Sé que ahora cubres mucho territorio. Pensé que tal vez…

– Estoy en Rapid City, Cherie. ¿Qué pasa?

Cherie Dei contestó después de un largo silencio.

– Ha reaparecido. Ha vuelto.

Rachel sintió que un puño invisible la golpeaba en el pecho y mantenía la presión. Su mente evocó recuerdos e imágenes. Malos. Cerró los ojos. Cherie Dei no tenía que decir a quién se refería. Rachel sabía que hablaba de Backus. El Poeta había resurgido. Nadie dudaba de que iba a hacerlo. Como una infección virulenta que se extiende por el organismo, oculta del exterior durante años para después romper la piel y recordar su fealdad.

– Dime.

– Hace tres días recibimos algo en Quantico. Un paquete por correo. Contenía…

– ¿Tres días? Habéis esperado tres…

– No hemos esperado nada. Nos hemos tomado nuestro tiempo. Estaba dirigido a ti. En Ciencias del Comportamiento. La sección de correo nos lo bajó y lo abrimos después de pasarlo por el escáner. Cuidadosamente.



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