
– ¿Qué había?
– Un lector GPS.
Un lector del sistema de posicionamiento global. Coordenadas de longitud y latitud. Rachel se había encontrado con uno en un caso, el año anterior. Un secuestro en las Badlands donde la campista desaparecida había marcado su ruta con un GPS de mano. Lo encontraron en su mochila y rastrearon sus pasos hasta un campamento donde se había encontrado con un hombre que la había seguido. Llegaron demasiado tarde para salvarla, pero no habrían llegado nunca de no haber sido por el GPS.
– ¿Qué había en el GPS?
Rachel se incorporó y se sentó en el borde de la cama. Se llevó la mano libre al estómago y la cerró como una flor marchita. Esperó y Cherie Dei no tardó en continuar. Rachel la recordó cuando estaba muy verde, cuando era una observadora aprendiza en el equipo, asignada a ella en virtud del programa de formación del FBI. Diez años y los casos, todos los casos, habían grabado profundos surcos en su voz. Cherie Dei ya no estaba verde, y no necesitaba de ningún mentor.
– Había un waypoint. El Mojave. Justo del lado de California de la frontera con Nevada. Salimos ayer y llegamos al marcador. Hemos utilizado imágenes térmicas y sondas de gas. Ayer a última hora encontramos el primer cadáver, Rachel.
– ¿Quién es?
– Todavía no lo sabemos. Llevaba mucho tiempo. Estamos empezando. El trabajo de excavación es lento.
– Has dicho el primer cadáver. ¿Cuántos más hay?
– La última vez que me fui de la escena llevaban cuatro. Creemos que habrá más.
– ¿Causa de la muerte?
– Aún es pronto para decirlo.
Rachel se quedó pensando en silencio. Los primeros interrogantes que se le plantearon fueron por qué allí y por qué en ese momento.
– Rachel, no te llamo sólo para contártelo. La cuestión es que el Poeta vuelve a estar en activo y te queremos aquí.
