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La caja de pesca. La mención de Buddy me recordó el informe del sheriff que había en el cajón de la mesa.

– Quería preguntarle por eso. ¿Dice que este tipo se llevó el GPS?

– Cabrón impostor, estoy seguro de que fue él. Salió con nosotros y la siguiente noticia que tuvimos fue que mi GPS había desaparecido y que él había puesto un negocio de excursiones de pesca en el istmo. Sumo dos y dos y me da gilipollas. He estado pensando en ir allí y hacerle una pequeña visita.

Me costaba seguir el hilo argumental de su relato. Le pedí que me lo explicara con claridad, como si no distinguiera una salida de pesca de una sopa de pescado.

– La cuestión -dijo- es que esa cajita negra contenía nuestros mejores sitios. Nuestros bancos de peces, tío. No sólo eso, tenía los puntos marcados por el tipo que lo perdió. Se lo gané en una partida de póquer a otro guía de pesca. El valor no está en la caja, sino en lo que contenía. El tipo se estaba jugando los doce mejores sitios y yo se los gané con un puto full.

– Muy bien -dije-. Ahora lo entiendo. Su valor estaba en las coordenadas de los lugares de pesca registrados en él, no en el dispositivo en sí.

– Exactamente. Esos chismes cuestan un par de cientos de pavos. Pero los lugares de pesca requieren años de trabajo, habilidad y experiencia.

Señalé la foto de la pantalla del ordenador.

– Y este tipo se lo llevó y después puso su propio negocio de cruceros de pesca jugando con ventaja, usando su experiencia además de la del guía al que usted le ganó el GPS.

– Mucha ventaja. Como le digo voy a ir a hacerle una visita uno de estos días.

– ¿Dónde está el istmo?

– En el otro lado, donde la isla se pellizca como la figura de un ocho.



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