
No sabía de qué estaba hablando. Sólo le dije que lo hiciera. El jugó con algunos de los botones cuadrados dispuestos en la parte superior del marco y empezó a ampliar la fotografía y después la reposicionó de manera que el área ampliada permaneciera en pantalla. Enseguida dijo que había maximizado la ampliación. Me acerqué. La imagen era más borrosa todavía. Ni siquiera las líneas en el kilt del autor eran nítidas.
– ¿Puede apretarlo un poco?
– Se refiere a hacerlo más pequeño. Claro, puedo…
– No, me refiero a enfocarlo más.
– No, tío, es todo. Lo que ve es lo que hay.
– Vale, imprímalo. Antes ha salido mejor cuando lo he sacado en papel. Quizás ahora también.
Lockridge introdujo las órdenes y yo pasé un minuto de intranquila espera.
– ¿Qué es esto, por cierto? -preguntó Buddy.
– El reflejo del fotógrafo.
– Oh. ¿Quiere decir que no era Terry?
– No, no lo creo. Creo que alguien sacó fotografías de su familia y se las mandó. Era algún tipo de mensaje. ¿Lo mencionó alguna vez?
– No.
Hice un intento para ver si a Buddy se le escapaba algo.
– ¿Cuándo vio por primera vez esta carpeta en el ordenador?
– No lo sé. Debió de ser…, en realidad, acabo de verla por primera vez con usted ahora.
– Buddy, no me tome el pelo. Esto puede ser importante. Le he visto trabajar con este chisme como si fuera suyo desde el instituto. Sé que usaba esta máquina cuando Terry no estaba por aquí. El probablemente también lo sabía. A él no le importaba, y a mí tampoco. Sólo dígame, ¿cuándo vio este archivo por primera vez?
Dejó que pasaran unos segundos mientras se lo pensaba.
– La primera vez que los vi fue un mes antes de que muriera. Pero si su verdadera pregunta es cuando los vio Terry, entonces lo único que ha de hacer es mirar la carpeta y ver cuándo se creó.
– Pues hágalo.
Lockridge volvió a hacerse cargo del teclado y consultó las propiedades de la carpeta de fotos. En unos segundos tenía la respuesta.
