– Sé que todavía está investigando cosas -dijo-. Terry era igual. No podía dejarlo. Algunos son así. Cuando vimos en las noticias lo que pasó aquí, fue cuando Terry dijo que le escogería si tuviera que elegir a alguien. Creo que lo que me estaba diciendo era que si alguna vez le ocurría algo a él, debería acudir a usted.

Asentí y miré al suelo.

– Dígame cuáles son esas novedades que han surgido y le diré lo que puedo hacer.

– ¿Tenía un vínculo con él?

Asentí de nuevo.

– Cuénteme.

Ella se aclaró la garganta, se acercó hasta el borde del sofá y empezó a explicarse.

– Soy enfermera. No sé si vio la película, pero me convirtieron en camarera en el cine. Eso no está bien. Soy enfermera. Sé de medicina y conozco el funcionamiento de los hospitales.

No dije nada para detenerla.

– La oficina del forense hizo una autopsia a Terry. No había signos de nada inusual, pero decidieron proceder con la autopsia a petición del doctor Hansen, el cardiólogo de Terry, porque él quería ver si podía descubrir qué había fallado.

– Entiendo -dije-. ¿Qué encontraron?

– Nada. Me refiero a que no encontraron nada criminal. El corazón simplemente dejó de latir… y él murió. Ocurre. La autopsia reveló que los músculos de las paredes cardiacas estaban haciéndose más delgados. Cardiomiopatía. El organismo de Terry estaba rechazando el corazón. Tomaron las muestras de sangre habituales y eso fue todo. Me entregaron el cuerpo. Terry no quería ser enterrado, siempre me dijo eso. Así que lo cremaron en Griffin y Reeves, y después del servicio fúnebre Buddy nos llevó a los niños y a mí en el barco e hicimos lo que Terry nos había pedido. Soltamos las cenizas en el océano. Fue muy privado. Fue bonito.

– ¿Quién es Buddy?



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