
Lilyan Wilder por permanecer a mi lado en los días sombríos de este pasado año, y por festejar los luminosos.
A Marlene Haney, por ayudarme a mantener las cosas en perspectiva y luego, naturalmente, por ayudarme a «plantarles cara».
A Sandy Rockwood, por insistir en que no se puede esperar al producto acabado, lo cual es siempre en sí mismo una palmadita en la espalda muy de agradecer.
A Mary Means por ocuparse con tanto cariño de mis chicos cuando estoy en la carretera. No podría hacerlo sin la tranquilidad que ella me proporciona.
A Rick Kava, bombero jubilado y sanitario, así como primo y amigo, por escucharme, darme ánimos, compartir conmigo anécdotas y hacerme reír siempre.
A Sharon Car, colega y amiga, por dejar que me desahogue a pesar de mi buena suerte.
A Richard Evnen, por su ingeniosa conversación, sus amables y sinceras palabras de aliento y una amistad que incluye fingir que sé lo que estoy haciendo, aunque los dos sepamos que no es así.
Al padre Dave Korth por hacer que me diera cuenta del extraordinario don que significa ser un cocreador.
A Patricia Kava, mi madre, cuya fortaleza es una auténtica inspiración.
A Edward Kava, mi padre, que falleció el 17 de octubre de 2001, y quien sin duda era a su modo un cocreador.
Y, por último, y sin menoscabo de su importancia, quisiera dar las gracias de todo corazón a Debbie Carlin. Tu espíritu y energía, tu generosidad, tu amistad y afecto han supuesto un cambio asombroso en mi vida. Siempre me sentiré dichosa porque nuestros caminos se hayan cruzado.
Ojo con el ladrón de almas
que llega con el relámpago.
No lo escuches.
No lo mires a los ojos.
O robará tu alma
para guardarla
por toda la eternidad
en su negra caja.
