
Él entró en su cuarto y la puerta se deslizó hasta cerrarse detrás de él.
– ¿Qué sucedió entre nosotros?
– Aparentemente abusé de tu hospitalidad. -Ella se encogió de hombros e hizo un esfuerzo por ocultar su cara llorosa, pero su voz se rompió un poco. Solo esperaba que él simulara no notarlo.
– Si eso fuera cierto -dijo él suavemente-, no me estaría desgarrando el que tú te fueras.
Ella se quedó rígida.
– No debería haberte hablado en la forma en que lo hice, Sam. Admito francamente que soy un estúpido.
Él se paró directamente detrás de ella, haciendo que cada terminación nerviosa de su cuerpo llameara con conciencia y calor sensual. Ella inhaló profundamente y la inundó el aroma de su piel -piel a la que había besado y tocado cada centímetro. Ella se puso caliente, su sexo se humedeció.
– Soy basto y tengo tendencia a jurar -murmuró él en un profundo rumor que hizo que le dolieran los pezones-. No soy ni de lejos tan inteligente como tú y pierdo los estribos demasiado fácilmente. No hay absolutamente ninguna razón para que me des siquiera la hora. Pero has hecho más que eso, y esta semana ha sido la mejor de mi vida.
Sam oyó el remordimiento en el tono de Rick, y se dijo que realmente necesitaba irse a casa antes de que se hundiera más profundamente. Si se iba ahora, estaría bien de nuevo en una semana o dos.
O en varias. Si se quedaba más tal vez nunca dejaría de echarle de menos, y tenía que dejarlo.
– Me puse celoso.
Su declaración en tono de queja la sobresaltó lo suficiente como para girarse.
– ¿De Curt? -Ella alzó la vista para mirar al hombre más apuesto que había visto nunca y notó una vulnerabilidad cautelosa en sus ojos que le hizo difícil respirar- ¿Por qué demonios estarías celoso de él?
Rick encogió tímidamente sus anchos hombros.
– Es inteligente, se especializa en lo mismo que tú, no está mal, es…
